Lo mejor de ser perrín es que es muy fácil hacer amigos: te ves, levantas las orejotas, te acercas, hueles el trasero y... ¡a correr juntos! Os presento a mi maestro pastor, que además es otro de mis grandes amigos. Cuando no estamos cuidando de las ovejas, nos encanta correr persiguiéndonos.
Rock&Guau!
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